Carlos Tünnermann Bernheim

Gregorio Marañón en su biografía del Conde-Duque de Olivares, favorito del rey Felipe IV, sostiene que toda acumulación excesiva de poder en una sola persona pasa, indefectiblemente, por tres ciclos: ascenso, acumulación y pérdida del poder, ciclos que se cumplen en la biografía de casi todos los poderosos.  El hecho que ninguno escarmiente en cabeza ajena se debe, en buena parte, a la “lujuria del poder”, que les hace aferrarse al mando bajo la creencia de que nadie puede ejercerlo mejor que ellos, o por las ventajas económicas que les reporta para él y su familia.

Los ciclos, descritos por Marañón se vienen repitiendo en el decurso de la historia, así se trate de reyes, emperadores, favoritos, déspotas, dictadores o comandantes. La pasión de mandar termina por cegarles, hasta que el tinglado se derrumba estrepitosamente y, en su caída, arrastra a todos sus allegados.

En nuestra historia patria es fácil comprobar el acierto  del análisis de Marañón.  Para el caso, baste con citar los ejemplos del Gral. José Santos Zelaya y los Somozas que, víctimas de la “lujuria del poder”, se enamoraron del solio presidencial con los resultados de todos conocidos.

Pareciera que en nuestra cultura política está tan firmemente arraigada esa pasión, que ha sido preciso establecer preceptos de rango constitucional para combatir la propensión de nuestros gobernantes a eternizarse en el poder, prohibiendo para ello la reelección continua y el nepotismo. Así lo tenía consagrado nuestra Constitución Política, hasta que esta fue reformada por la bancada orteguista fraudulenta de la Asamblea Nacional, para dar paso a la reelección presidencial indefinida. Irresponsablemente, transformaron la Constitución en un traje a la medida de Ortega.

Son muy pocos los ejemplos en nuestra historia de gobernantes que ejercieron el poder con mesura, con plena conciencia de su transitoriedad, y sin pensar en perpetuarse en él ni buscar como heredarlo a sus descendientes.  Estos pocos ejemplos, casi todos pertenecientes al período de los llamados “Treinta años”, contrastan con quienes tan pronto probaron “las mieles del poder” se aferraron a él hasta empalagarse.

Generalmente, los primeros síntomas aparecen cuando el gobernante quiere estar en todo, como nombrar personalmente a los funcionarios de menor categoría de los Ministerios; decidir sobre lo que debe informarse o no a la población; concentrar en sus manos los medios de comunicación; intervenir en la asignación de la publicidad gubernamental; irrespetar a sus Ministros, reducidos al triste papel de simples “amanuenses” del “compañero Presidente”; terminar con la separación de los poderes del Estado; supeditar a sus intereses el Ejército y la Policía; y acabar con la autonomía municipal, etc… Este es el momento en que el poderoso debería superar su “lujuria del poder” y comenzar a ejercerlo dentro del marco constitucional y legal, espantando a los aduladores que suelen revolotear cerca del poderoso, como moscones deseosos de probar la miel. Es entonces que debe aprovechar la oportunidad de rectificar, o seguir el camino que le llevará al despeñadero.

En el caso particular de nuestro actual presidente inconstitucional, 2014 señaló el año de la mayor acumulación de poder en una sola persona que registra nuestra historia. ¿Significa esto que ya se cumplieron los dos primeros ciclos del ejercicio del poder?  ¿Será 2015 el año del inicio del tercer ciclo?  Todo dependerá de las decisiones que tome el pueblo nicaragüense, en el ejercicio de sus derechos cívicos y políticos, principalmente ahora que hasta la soberanía ha sido sacrificada y el país entregado a una empresa extranjera. Ante esta situación, ningún ciudadano o ciudadana puede permanecer indiferente. Y la superación pacífica y civilizada de la situación en que nos encontramos pasa por una transformación profunda del actual sistema electoral, eligiendo para ello magistrados que garanticen la transparencia y honestidad de las próximas elecciones nacionales.

 

 

Managua, enero 2015 peta dunia satelit .

LA  TRES CICLOS  DEL PODER PERSONAL

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